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  • br Las v lvulas de escape la informalidad

    2018-11-13


    Las válvulas de escape: la informalidad y la emigración laboral La emigración laboral, que se había intensificado en el segundo decenio de los noventa ante la caída del empleo en el campo, se vio notoriamente frenada a partir del 2000, a raíz tanto de las recesiones en Estados Unidos, como de nuevas políticas de ese país en torno a los migrantes. La caída de la ocupación en las manufacturas en los 2000 y el cierre de las vías para la emigración laboral retroalimentaron el crecimiento de la informalidad que de 2005 a 2012 se incrementó en más de 4 millones de personas (inegi, enoe). La estimación más reciente de este fenómeno -que atiende a los nuevos criterios emitidos por la oit- y con flecainide acetate manufacturer en series homogéneas de inegi que consideran la informalidad rural y urbana, permite apreciar un crecimiento sostenido de este fenómeno desde 2005 en que se dispone de esta nueva estadística. En este lapso la informalidad se eleva en cerca de cuatro millones y en 2014 representa 58% de la población ocupada.
    La precarización creciente del empleo formal Un nuevo y muy evidente efecto de la reciente recesión ha sido la acelerada precarización de los puestos de trabajo formales. El deterioro se manifiesta desde muy diversos ángulos en los empleos de nueva creación o en los que han podido sobrevivir a la crisis. Los nuevos puestos, en su mayoría, no tienen acceso a servicios de salud y seguridad social, perciben -en promedio- salarios inferiores a los empleos perdidos, provienen de empresas más pequeñas o abiertamente informales y están sujetos a una jornada de trabajo incompleta o de empleo parcial. Los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (inegi) ofrecen una visión cualitativa del deterioro en el tipo de ocupaciones que están surgiendo. Mientras que las ocupaciones con acceso a seguridad social disminuyeron en 573 mil personas entre el tercer trimestre de 2008 y el primero de 2010, el grueso de las ocupaciones que se generaron en ese lapso, carecían de todo tipo de seguridad social. Es decir, es empleo asalariado precario. Todavía en 2014 la tendencia a la precarización del empleo asalariado persiste. Los puestos de trabajo creados desde fines de 2008 son mayoritariamente de bajo salario, en tanto que los de más de 3 salarios mínimos han seguido cayendo. De acuerdo a Indirect end-labeling la enoe, en el primer trimestre de 2014, el número de empleos de más de 3 salarios mínimos era 1 millón y medio inferior al registrado más de 5 años de iniciada la crisis, en el tercer trimestre de 2008.
    La precarización en las ramas de altos salarios La compresión salarial ha sido particularmente notoria en las ramas que empleaban personal más calificado y tradicionalmente ofrecían salarios más elevados dentro del sector formal, como son las comunicaciones y los servicios financieros. En ambas es claro el descenso observado en el salario medio real de cotización al imss en los últimos diez años. Esta situación es producto, tanto de una moderación en los incrementos salariales anuales, como de la práctica cada vez más extendida en estos sectores de la subcontratación de una parte importante de su plantilla.
    Recapitulación En una recapitulación de lo sucedido en el mercado laboral en los últimos treinta y cinco años, tres factores han concurrido: a) la creación de empleo formal ha ido perdiendo fuerza; b) el salario medio real, después de la caída de los años ochenta no ha vuelto a recuperarse, y c) estas tendencias se han dado dentro de una tónica de crecimiento muy bajo, sujeto a fuertes caídas, originadas tanto en desequilibrios macroeconómicos internos, como en el cambio estructural y la mayor volatilidad asociados a la globalización. La confluencia de las anteriores tendencias en un período en que la fuerza laboral sigue creciendo a una tasa elevada, ha traído como consecuencia: a) la expansión significativa del empleo informal, que hoy constituye la principal forma de ocupación en el país, b) la creciente presión hacia la emigración de trabajadores, ya no sólo de los trabajadores no calificados del campo, sino de trabajadores calificados, ante el considerable diferencial de ingresos y la insuficiencia de buenos empleos; c) el salto reciente de la desocupación a una nueva cota de la que no ha podido regresar a su nivel histórico y d) el incremento importante del número de jóvenes en edad productiva que no estudian ni trabajan.