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    2018-11-13

    En el tercer apartado se plantea la necesidad del tránsito de la economía mexicana hacia un nuevo modelo bajo premisas de desarrollo nacional, que integre los condicionantes actuales de reproducción y crecimiento económico en la actual fase de desarrollo, como la necesidad de generación de circuitos endógenos de conocimiento, el fortalecimiento de la infraestructura de telecomunicaciones y la promoción de sectores estratégicos industriales acordes a la nueva dinámica económica del patrón industrial o Sector Electrónico, Informático y de las Telecomunicaciones (seit); como una estrategia de ascenso en las cadenas globales de valor agregado en la división interindustrial y global del trabajo, para lograr una inserción exitosa al ttp, al remontar la experiencia histórica de integración al tlcan en una condición de desventaja competitiva. Finalmente, se resalta la importancia de la reciente iniciativa para el establecimiento de las Zonas Económicas Especiales (zee) en la región suroeste de México, que por su ubicación geográfica estratégica en el Pacífico, tendrán el reto de modificar la lógica de inserción que se llevó a cabo entre la región norte del país y el espacio supranacional del tlcan, sin que en ese proceso haya mediado la escala nacional, y que provocó un acentuado desarrollo geográfico desigual entre el norte y el sur del país, que deberá ser superado para evitar el mismo impacto negativo, mediante una integración entre las zee y la escala supranacional del tpp bajo una lógica de desarrollo nacional.
    El Tratado de Asociación Transpacífico se realiza en el marco de una contraposición de vías de desarrollo en el proceso de conformación de un nuevo orden mundial en el capitalismo del conocimiento. Es posible entender este último como una nueva fase de desarrollo del modo de producción capitalista, pero visto desde la perspectiva de su ciclicidad de largo plazo, lo cual implica la articulación de una nueva ikk pathway tecnológico-productiva en la base de la estructura económica, con el conjunto de la trama socio-espacial institucional. En ese sentido, el capitalismo del conocimiento es la resultante del tránsito del sistema capitalista hacia una nueva fase de desarrollo con el fin de superar la crisis histórica del Fordismo Keynesiano (1933-1980) de la segunda mitad de los años sesenta y principios de los setenta del siglo anterior, expresada en la caída tendencial de la tasa de ganancia industrial durante todo el periodo [ver gráfica 1], y así prevalecer como modo de producción. Esta nueva fase ha implicado el aprovechamiento de la nueva revolución tecnológica del microprocesador y el software establecida en el último cuarto del siglo pasado, a partir de la modificación radical de las máquinas herramientas; y su articulación con el toyotismo como forma de organización y dirección del trabajo basada en el trabajo en equipo, la auto-organización y la auto-gestión, elementos que permitieron la valorización del conocimiento empírico del trabajador para conformar una nueva base tecnológico-productiva. Esos elementos estructurales permitieron revertir la caída tendencial de la tasa de ganancia industrial al hacer posible incrementos en la productividad derivados de un salto de calidad en el desarrollo tecnológico, la capacitación y las habilidades del trabajador, así como la forma de organización del trabajo; además de una relativa menor composición orgánica del capital (comparada con la fase anterior Fordista Keynesiana), derivada de una mayor inversión en conocimiento (capital variable o humano) en comparación con la inversión en capital constante, particularmente capital fijo. La nueva base estructural significó una revolución industrial y la emergencia de un complejo de industrias y productos que articulan y dinamizan el crecimiento económico (patrón industrial), identificado como el Sector Electrónico Informático y de las Telecomunicaciones (seit); el cual tiende a generar un ciclo económico dinamizado por la oferta de nuevos productos intensivos en conocimiento, integrando hacia adelante al sector productivo suministrando insumos al conjunto de las actividades económicas para impulsar el crecimiento económico, condición que implica una aceleración de los ritmos de innovación tecnológica con el fin de dinamizar la demanda de productos a partir de su oferta a precios decrecientes [ver cuadro 1]. El seit ha generado una nueva división interindustrial y global del trabajo, a partir de empresas concentradas en las actividades de concepción y diseño de nuevos productos generalmente ubicadas en países desarrollados con Sectores Científicos Educativos (sce) robustos y avanzada infraestructura física relacionada con el acceso y uso generalizado de los servicios de telecomunicaciones; en contraste con las empresas orientadas a la manufactura y ensamble de los productos, asentadas en países en vías de desarrollo que combinan ciertos niveles de calificación de su mano de obra con bajos costos laborales comparativos internacionalmente. A esta configuración industrial e internacional del trabajo impulsada por el desarrollo del seit como patrón industrial, corresponde una nueva escalaridad supranacional o globalización, en la que se aprecia un desarrollo geográfico diferenciado en función de la forma específica de inserción de los países al capitalismo del conocimiento [ver cuadro 2].